“Dile a tu madre que pague”

La semana pasada, una ola de frío azotó toda la península. Fue la prueba de fuego para evaluar la modificación legal que ha hecho recientemente la Generalitat catalana con el objetivo de evitar el corte en el suministro eléctrico, de gas o de agua por impago a las personas que obtengan un “informe de vulnerabilidad económica”, firmado por los servicios sociales.

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“En la Alianza Contra la Pobreza Energética, jamás habíamos tenido tantos cortes como en esa semana”, asegura Tatiana Guerrero, portavoz de ese colectivo ciudadano. “Es casi una provocación de las empresas suministradoras después de esta ley, porque siguen cortando aunque tengan el informe”.

La Alianza, nacida hace un año para presionar a las autoridades ante el problema creciente de gente que no puede afrontar los pagos de luz, gas y agua, es muy crítica con las empresas suministradoras.

“Cada vez hay más gente que está en el paro y las tarifas han subido un 70% desde 2007”, afirma Guerrero. La organización sostiene que mientras las compañías aumentan los cortes de suministro a más familias, sus beneficios crecen gracias a unos precios que ya son un 30% más caros que la media de la Unión Europea.

La queja va dirigida contra Endesa e Iberdrola, que en 2013 interrumpieron el servicio a un millón de personas y, al año siguiente, la primera de ellas repartió entres sus accionistas unos dividendos extraordinarios de 14.600 millones de euros.

“Estas empresas han adquirido mucho poder, no sólo económico sino social y fáctico”, denuncia Tatiana Guerrero, que acusa a las firmas energéticas de “persecución” a los usuarios que no pueden pagar sus recibos.

Carmen Grúas, que tiene una deuda de 500 euros con Endesa que no ha podido saldar con su renta activa de inserción de 426 euros, lleva varias semanas recibiendo llamadas de una firma de abogados subcontratada para instarle a pagar.

“Yo intento explicarles que vivo en mi casa con un niño y necesitamos la luz y, si no pago, no es porque no quiera, pero no te dejan explicarte, no te dan opción, les importa bien poco”, dice.

Lejos de cesar en este acoso, sus interlocutores adoptan una actitud “humillante”, critica Carmen. “¿A mí qué me cuentas? No me cuentes tu historia. Tú paga porque si no, te vamos a llevar a juicio. No acumules tanta deuda. No gastes. No te duches”, son algunas de las respuestas que ha recibido.

La semana pasada la llamaron tres veces, pero antes, dice, “llamaban más, incluso de madrugada. A las doce, a la una…”. Ni siquiera les importaba si el que se ponía era su hijo de 13 años: “Dile a tu madre que pague”, le conminaban.

“Es muy duro cuando necesitan algo y no puede ser”

Cuando el pasado 21 de noviembre el líder de PSOE, Pedro Sánchez, se refirió en el Congreso al problema de la pobreza infantil en España, una exclamación de incredulidad recorrió los escaños del oficialismo.

Cuando semanas después, la oposición pedía en la Asamblea de Madrid que se abrieran los comedores escolares durante las navidades para que todos los niños tuvieran garantizada una comida caliente al día, el presidente regional, Ignacio González, replicó que era “falso” que hubiera problemas de malnutrición infantil. “El principal riesgo que tienen los niños de la Comunidad de Madrid de malnutrición es la obesidad”, aseveró.

Sin embargo, la existencia de la pobreza y la malnutrición infantiles en nuestro país, incluida la Comunidad de Madrid, es un hecho contrastado.

Según Unicef, en 2010 el 13,7% de los menores de edad vivía en hogares con un nivel de “pobreza alta”, por debajo únicamente de Rumania y Bulgaria en la UE.

En el colegio de la Ciudad Escuela de los Muchachos de Leganés, los profesores advirtieron que algunos alumnos acudían a clase sin comer. Así, un grupo de madres decidió crear en 2012 un grupo de Ayuda Mutua para recolectar alimentos y repartirlos mensualmente entre las familias con problemas económicos.

Entre los 45 padres y madres que solicitaron una cesta en febrero estaba Karima A., que prefiere no dar su apellido. Es marroquí y lleva ocho años en España con su marido y sus pequeños de 7 y 14 años. A él, que había trabajado en la construcción y como camarero, se le terminó el subsidio de desempleo en abril y todavía está buscando algo. Ella cuidaba a una anciana pero se quedó sin trabajo en septiembre .

Su único ingreso actual son los 212 euros mensuales de la renta mínima de inserción. Alguna vez se han planteado irse a Alemania, donde tienen unos familiares que algún mes les ayudan económicamente, pero lo han descartado: “Mi hijo mayor está estudiando bien. No puedo llevarlo a otro sitio porque es muy duro que aprenda otra vez otro idioma. Tendría que perder un año. Y no puedo volver a mi tierra porque no es fácil que se adapte de nuevo”.

No obstante, reconoce que la situación le está afectando en sus estudios, porque “el año pasado estudiaba más que ahora, no estaba despistado, no pensaba mucho en lo que pasaba en casa. Es muy duro cuando necesitan algo y no puede ser”.

“Empleo y pobreza eran términos antitéticos, ahora se han vuelto a juntar”

Manuel Lago es miembro del Gabinete Económico de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras y diferencia entre el concepto de “trabajador pobre”, que define como “aquella persona que aun teniendo empleo no es capaz de tener una vida independiente porque no le llega el sueldo”, y “pobreza laboral”, que se refiere a personas que, aun trabajando, viven en hogares con ingresos inferiores al 60% de la media nacional, por lo que mide más la desigualdad que la pobreza.

De acuerdo con el informe Pobreza y trabajadores pobres en España, de la Fundación 1º de Mayo de CC. OO., en 2012 la pobreza laboral alcanzaba al 12,3% de los trabajadores, más de tres puntos porcentuales de la media de la UE y sólo superado, una vez más, por Rumanía (19,1%) y Grecia (15,1%). Sin embargo, Cáritas estima que en el año 2013, el porcentaje de gente que estaba en situación de exclusión social a pesar de estar trabajando rondaba el 15% de la población. A la vista de la proliferación de contratos temporales y a tiempo parcial y el continuado descensos de los salarios, “esa cifra habrá aumentado”, según Guillermo Fernández, técnico del equipo de estudios de la organización humanitaria. “Con estos tipos de contrato precarios, a tiempo parcial, trabajo en servicios de bajo valor añadido como el comercio o la hostelería, hay niveles salariales que no permiten que una persona viva de forma independiente”, señala Lago.

El sindicalista destaca que, según los datos de Hacienda, el 47% de los 16 millones de personas que trabajaron en algún momento en 2013 en España, es decir, 7,7 millones, “declararon ingresos brutos por debajo de 944 euros”. De este grupo, continúa, casi la mitad, 3,6 millones, tuvieron unos ingresos medios de 1.808 euros al año, y otros 2,1 millones declararon 6.738 euros al año, que son 561 euros al mes. Es decir, concluye, “5,7 millones de personas, el 34%, uno de cada tres personas que trabajaron como asalariados en España en el año 2013, tuvieron ingresos medios por debajo de los 561 euros al mes”. Pero, advierte, la situación es peor entre los jóvenes. En 2013 hubo casi 1,5 millones de asalariados entre 18 y 25 años, de los que el 87% estuvo por debajo de los 561 euros. Para Lago, “eso habla de que hay una concentración enorme de situación de pobreza laboral en la juventud debido a los contratos precarios y sobre todo a tiempo parcial, que es la clave que explica esto”.

“Me sentía ya prostituida cuando mi socio me engañó con las cuentas” 

Arianna Frega, nombre que utiliza cuando se prostituye, vio cómo su vida daba un cambio radical en apenas un fin de semana. Desde que discutió con su socio en una empresa de construcción al descubrir que le había engañado con las cuentas y le había dejado con una considerable deuda. “Caí en una depresión increíble durante mucho tiempo. En el fondo, me decía: ‘Me siento prostituida. He estado trabajando durante años, aportando mi tiempo y todo, y no me ha servido de nada”, señala. Tenía que pagar la deuda de la empresa, la hipoteca de la casa y los gastos del día a día. Aunque le quedaba un negocio de hostelería, como lo había dejado un poco de lado y la crisis no ayudaba, nunca llegaba a fin de mes.

“Estuve muchos meses que no levantaba cabeza hasta que un día decidí que tenía que ponerme las pilas y hacer algo”, cuenta. “No podía pagar la calefacción de casa, las facturas de luz se iban acumulando”. Así que, tras una conversación medio en broma con una amiga en la que hablaron de hacer rotondas para intentar ganar dinero, decidió dar un paso decisivo. Encontró en Internet una asociación de prostitutas, Aprosex, que iba a impartir unos cursos de prostitución para principiantes y se apuntó.

“Pensaba cómo encontrar la manera de pagar las deudas rápido para que no me embargaran y no quedarme sin nada. Y tras cuatro años en la construcción, dedicándole muchas horas, me quedé solo con deudas. Así que decidí que nadie más me iba a prostituir en ningún aspecto de mi vida”, reivindica. Pese a todo, cuando llegó al curso todavía tenía algo de miedo en el cuerpo. No sabía con qué se iba a encontrar. “Me quedé sorprendida de la cantidad de chicas que había; gente normal que tenía los mismos problemas que yo. Todas sin dinero, sin trabajo y con deudas”, revela.

Paula Vip, presidenta de Aprosex, explica que las asistentes “no son pobrecitas, son mujeres que ven claramente una salida en el mundo de la prostitución”. “Les contamos que éste es un trabajo duro para el que hay que estar preparada, física pero sobre todo psicológicamente”, explica. Arianna dice que el curso le dio pistas sobre cómo empezar, por dónde moverse y cómo darse a conocer. También le sirvió para cambiar algunas de las ideas que ella tenía sobre la prostitución.

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