África paga… con su vida

África paga con su vida, con su sangre, con sus niños, mujeres, hombres, ancianos, África paga con su derrota, con su olvido, y África sufre el desprecio internacional y, sobre todo, el desprecio de Occidente ( los autodenominados salvadores y portadores de los derechos humanos, de la libertad, de la democracia, de la igualdad, del progreso humano).

África en el olvido de las políticas internacionales pero siempre presente en las políticas de inmigración, levantando vallas cada vez más altas y sofisticadas para que África no escape de si misma, para que África siga pagando.

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No encuentro otras palabras para poder decir cuan vergonzoso es todo esto. Pero no me refiero en este caso a la valla de Melilla, ni al monte Gurugú, ni a Lampedusa. No, esta vez me refiero a lo que de nuevo, no sólo hemos olvidado, sino que hemos abandonado porque ha vuelto a ser – si alguna vez consideramos que no fue así fue, sin duda, por error – algo considerado de los “africanos negros”: el virus del Ébola.

Ciertamente, esa enfermedad que consiguió atravesar la valla llegando al corazón de Occidente, entrando sigilosa y sibilinamente por entre las instituciones y la vida de Occidente. Entonces la palabra Ébola y todos sus males ocupaban las portadas, los titulares, las tertulias y las agendas políticas de todo Occidente, como si no hubiera un mañana. Parecía como si las plegarias de compasión y auxilio que tantas y tantas familias y personas africanas habían hecho hubieran llegado al oído de algún dios y éste hubiera actuado: hacia falta que algún ser occidental se contagiara de Ébola para que las autoridades empezaran a moverse, para que empezaran a tomarse muy en serio el problema del Ébola y que, en vez de seguir considerándolo como algo de los “africanos negros”, se volviera un verdadero problema a nivel internacional. Y así pareció ser cuando el virus del Ébola llego a las salas de occidente.

Como bien señala la OMS (Organización Mundial de la salud), el virus del Ébola provoca una enfermedad aguda y grave, normalmente mortal si ésta no es tratada. La primera vez que apareció se data de 1976 en dos lugares simultáneos: Nzara (Sudán) y Yambuku (República democrática del Congo). Este nuevo brote mortal, aparecido en 2014, está siendo el más importante y complejo desde el descubrimiento del virus en 1976, no sólo por la elevada mortalidad que ha causado y sigue causando, sino por su rápida propagación de un país al otro, empezando por Guinea hasta llegar a Sierra Leona y Liberi, siendo estos los países más tocados, muy probablemente debido a que sus sistemas sanitarios son muy débiles. Estos hechos llevaron a que el 8 de agosto de 2014 el Director general de la OMS declarara que dicha situación constituía una urgencia de sanidad pública a nivel internacional. A día de hoy el virus del Ébola ha retrocedido en su mortalidad cuantitativa, pero sigue matando sin piedad, sigue actuando sin el auxilio internacional debido.

Parece ser que dicha internacionalidad sólo empezó verdaderamente cuando el virus travesó África y llegó a los países occidentales de Europa y Estados Unidos. No obstante, su internacionalización duró tanto como duró el virus del Ébola dentro de las fronteras occidentales, porque a día de hoy el Ébola es como una cosa ya pasada, olvidada, enterrada, eclipsada, de nuevo vuelta a su cauce original, es decir, a ser una cosa de “africanos negros”, como aquel genocidio en Ruanda que desde muchas cimas occidentales se consideró otra trifurca más entre “negros” de África y donde, de nuevo, los refugiados entre los bosques escondiéndose de los machetes de sus asesinos rezaban a algún dios para que el hombre blanco occidental se dignara a ayudarlos, igual que desde hace un año están haciendo los familiares y personas de África que padecen, cotidianamente, el virus del Ébola. Sin embargo, el hombre blanco occidental, del mismo modo que hizo con el genocidio de Ruanda, mira las noticias – si decir algo sobre el tema dicen – y sentado en su sofá critica este hecho como si de nuevo se tratara de una cosa de “africanos negros”. Pero en África sigue muriendo gente, sin remedio y sin compasión, olvidados de la mano de occidente: las plegarias de los “africanos negros” no llegan a Occidente y la muerte sigue campando a sus anchas, y el virus del Ébola, como los machetes, sigue aniquilando África.

Y que vergüenza debiera ser para Occidente, que se nos llena la boca al hablar de democracia, igualdad, derechos humanos  y toda esa pantomima, al tiempo que levantamos vallas y olvidamos a los enfermos negros a su suerte. Que vergüenza al querer simpatizar con África cuando se sufren las consecuencias del Ébola en la propia piel, pero una vez yacido olvidar lo prometido. Que vergüenza olvidar a África, porque como siempre África paga, y paga con su sangre, con su gente, con su vida. Tal vez a Occidente no le interese ayudar a África y evitarle a que no pague tal catástrofe sola, porque ya se sabe, sólo interesa aquel que paga económicamente sus deudas pero, ¿cómo pagarán sus deudas aquellos países que estén contagiados? ¿Con qué gente? África paga, pero no con dinero, sino con gotas de sangre, el desprecio occidental. Y si alguien cree que exagero, que se pregunte porqué desde que el Ébola desapareció de las fronteras occidentales, también desapareció de los titulares, de las agendas políticas, del miedo cotidiano de las gentes de occidente. El Ébola volvió al lugar de donde venía, y en él quedaba de nuevo olvidado para las gentes de Occidente: el Ébola ha vuelto a ser una cosa de “africanos negros”. África paga, de nuevo, con su vida.

 

Original

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