Estremecedora carta a la juez que llevaba su caso por violencia machista antes de suicidarse

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“Estoy muy cansada y necesito descansar; mi vida es insoportable”. Así resumía su estado de ánimo Sara Calleja, una artista de 51 años, en una carta remitida a la juez de violencia de género del juzgado de León, en la que describía el infierno al que le sometió durante dos largos años su expareja Christian.

Las denuncias que había puesto no sirvieron para que la dejase en paz. Sara acabó rindiéndose y decidió abandonar la lucha y cortar su vida lanzándose a la calle desde su casa en Ibiza el pasado 11 de julio.. Aquí dejaba a sus dos hijos, Andrea, de 33 años, y Elio, de 28. Su calvario, cuyas circunstancias se repiten en otros hogares, había terminado. Este es el texto íntegro:

A la jueza de violencia de género del juzgado de León.

Estoy muy cansada y necesito descansar; mi vida es insoportable.

Mi primera denuncia en comisaría fue el 08 de noviembre de 2013, el día de mi 50 cumpleaños, y no llegó al juzgado después de muchos días porque parece ser que se extravió. Mientras, Christian estuvo en León unos cuantos días y me denunció al Inem. Era uno de los chantajes que me hacía para que volviera con él.

Esa denuncia de Christian supuso mi ruina. Tuve que vender mi casa que a duras penas podía pagar. Alquilaba dos habitaciones para poder malvivir. El Inem me sancionó con casi 20.000 euros, toda una fortuna para alguien como yo que no tenía nada, nada más que una casa a medio pagar.

Christian creó varios perfiles falsos míos con mi nombre, apellidos y mis fotos, donde yo daba masajes baratos, etc. Pedí hablar con usted porque estaba desesperada y sólo me dijo que no mirara
facebook y que Christian estaba en su derecho de denunciarme donde quisiera.

Mi vida estaba en sus manos, señora jueza y sin embargo parecía que cada vez que yo denunciaba, aburría. Hasta que Christian no volvió a León y colgó fotos con esa tobillera que le pusieron y habló de una manera despectiva en sus perfiles de facebook de usted y de la fiscal, parece que no iban a tomar más medidas contra él.

Esos días yo cuidaba a un anciano en el hospital de León por las noches. Otra anécdota es que una de las 15 veces que denuncié a Christian en León, fui a comisaría, le había visto por la noche en los soportales de la que era mi casa. Mientras esperaba mi turno en el patio, en la calle, enfrente estaba él.

Se lo dije a los policías que estaban fuera; me decían que lo denunciara y yo les decía que le detuvieran, que tenía una orden de alejamiento; no me hacían caso y cuando estaba ya en la oficina contando lo que pasaba entró un policía joven y dijo que era mi palabra contra la suya. Al final le hice pedirme perdón, y tonta de mí no lo reflejé en esa denuncia. Siempre me arrepentiré.

En cuanto al Inem decirle que yo expuse en Bruselas y Christian ponía los precios… No vendí casi nada. Mi hijo estaba estudiando y mi hija con su trabajo que apenas le daba para vivir. A día de hoy no entiendo cómo he podido soportar todo eso y todo lo que me ha venido. En realidad no lo soporto y por eso me retiro.

Las leyes son una mierda depende de para quién y sobre todo de cómo se aplican. Mi sanción del Inem es tan desproporcionada que me ha dejado en la miseria, y si no llega a ser por pocos pero buenos amigos que me ayudaron económicamente y a mi familia no tenía ni para comer. La ayuda que me conceden como mujer maltratada no la cobro, se la queda íntegra el Inem y eso usted lo sabía y le dio lo mismo.

Quiero olvidar esos días y si vivo no los olvidaré nunca, porque mi situación es extrema. Vendí mi casa, devolví lo que debía y me vine con lo puesto a Ibiza donde vive mi hija. No soy capaz de salir sola a la calle.

Hace 3 meses lo intenté con pastillas con la mala fortuna de que mi cuerpo aguantó lo que no debía.
Hoy espero irme de verdad. No soporto los días. Lo único que alegra mi existencia es la sonrisa de mis hijos, sus sonrisas son lo más bonito. Mi hija me ve día a día y sufre y llora. Y mi hijo no me ve, pero sé que me siente. Les quiero con locura y ahora y sin soberbia le digo que he sido la mejor madre, he criado a mis hijos yo sola.

Y con la visión que me dan mis casi 52 años le diré con orgullo que estoy orgullosa de mí. No lo había estado en mucho tiempo, pero no lo estoy por estos últimos casi 2 años, estoy orgullosa de mí misma como nunca lo he estado por haber tenido a mi querida Andrea y a mi querido Elio, lo mejor que he hecho en la vida. Son maravillosos y buenas personas y les adoro y son míos, mis hijos.

No creo en Dios, sólo sé que siempre estarán conmigo y yo con ellos y eso no se morirá jamás. Desde hace una semana trabajo, pero no lo soporto. No sólo porque es mucho y muy duro, es que mentalmente estoy “tocada” y no estoy a lo que tengo que estar. La medicación que tomaba me quitó mucha agilidad manual y mental y física.

Cada vez que denunciaba me daban unas hojitas con los derechos como mujer maltratada. No he recibido ningún tipo de ayuda económica, y Christian sigue molestando, enviando a mi madre mensajes (yo tengo otro móvil) y llamando a su casa. Y por si no lo recuerda, mi madre es mayor.

Sigue poniendo fotos mías y me sigue insultando. Ha creado perfiles falsos míos otra vez y vende las
acuarelas que dejé en su casa de Bruselas y no pude recuperar. Aquí en Ibiza he puesto dos denuncias, en mayo y junio, y no he recibido ninguna contestación todavía. Me hace gracia esa gente que dice que muchas mujeres denuncian para tener beneficios económicos. Que me pregunten a mí…

Y muchas mujeres retiran sus denuncias porque es una agonía aguantar un proceso del que nunca sales entera. Tienes que pasar por un scaner para que decida alguien que no sabe lo que estás padeciendo, si mientes o no… Tienes que ‘desnudarte’ delante de una jueza fría y sin ninguna empatía, delante de una psicóloga, delante de la policía, delante de un forense que en la segunda consulta no tiene ni tu expediente y no sabe con quién habla… delante de amigos, de familiares, de gente que no te conoce… Y aún así te ponen en duda.

Tienes que sacar fuerzas de un saco roto; pero yo ya no puedo más. Mi vida no tiene luz ni esperanza.
Christian Costenoble me robó todo. Él ganó.

 

Original

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