A Ucrania no la tratan como a Grecia porque perro no come carne de perro

Ucrania ha llegado a un acuerdo para realizar una quita y una reestructuración de su deuda sólo unas semanas después de que los acreedores de Grecia se negaran rotundamente a realizar cualquier tipo de quita ¿cuales son los motivos de este doble rasero?

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Ucrania ha llegado a un acuerdo con el comité de acreedores de su deuda pública para reestructurar 17.200 millones de euros y perdonar 3.400 millones de la misma; una quita de casi la quinta parte. El acuerdo de reestructuración incluye un periodo de gracia de cuatro años en los que Ucrania solo pagará intereses más el retraso del pago del principal de la deuda a 2019 y desde ese año hasta 2027, y no desde 2015 como obligaba el acuerdo anterior. Y todo a cambio de solo un reducido aumento de 43 centésimas del tipo de interés, que queda en 7.75%.

Según la ministra de finanzas de Ucrania “todo el mundo ha colaborado en este acuerdo. Ahora podemos seguir adelante”. Entre los acreedores están la Unión Europea, el FMI y grandes fondos de inversión de EEUU.

Este acuerdo se alcanza dos semanas después de que los acreedores de Grecia (sobre todo la Unión Europea y el BCE) se negaran a hacer la menor quita de su deuda, aunque el FMI lo había recomendado con argumentos sólidos.

Generosidad con Ucrania

La quita de Ucrania no ha sido el 40% como pedía el gobierno, solo 20%, pero es una ayuda importante para ese estado, que debía pagar 500 millones de dólares de aquí a un par de semanas, y la aceptación del aplazamiento de cuatro años en la devolución del capital de la deuda es un triunfo notable. Para Ucrania son unas excelentes condiciones de refinanciar la deuda que permitirá respirar al gobierno ucraniano. Nada que ver, por cierto, con el trato que la Unión Europea ha infringido a Grecia.

A Ucrania se le perdonarán 3.400 millones y una carencia de 4 años


Liderada por el gobierno alemán, y especialmente por el ministro de finanzas Schaüble, la Unión Europea ha acosado y chantajeado a Grecia, ha intentado influir en las elecciones en las que Syriza obtuvo amplia mayoría y, tras el innegable triunfo del NO en el referéndum sobre las condiciones del rescate a Grecia, la Unión ha acogotado con ferocidad al país mediterráneo en chulesca actitud, más propia de rufianes. Lamentablemente, el gobierno de Syriza, de modo difícil de comprender tras el rotundo triunfo del gobierno en el referéndum, ha aceptado las peores condiciones de un tercer rescate. Otra cuestión a debatir es qué opciones tenía y tiene el gobierno de Syriza, pero tras esa aceptación, los griegos se enfrentan a más de lo mismo de estos últimos años que han empobrecido el país y desmontado lo que de social mantenía.
Lo diáfano, lo indiscutible es que el conflicto entre Grecia y el Eurogrupo no es de naturaleza técnica ni económica pura, aunque haya miles de millones por medio. Sencillamente, la UE, y especialmente el gobierno alemán, no permiten que Grecia hubiera podido abrir una puerta para un cambio de reglas de juego en la eurozona sobre deudas públicas.

Ya lo decía Oskar Lafontaine, ex-ministro de finanzas de Alemania, a propósito de lo ocurrido en Grecia, que“mientras el supuestamente independiente y apolítico Banco Central Europeo (BCE) pueda cerrar el grifo del dinero a un gobierno de izquierdas, es imposible una política de principios democráticos y sociales”. Porque, como abunda Lafontaine, “evidentemente el presidente del BCE, Mario Draghi no es independiente ni apolítico: fue un alto directivo de Goldman Sachs, cuando precisamente ese banco de Wall Street ayudó a Grecia a falsear su contabilidad para ingresar en el euro”. ¿Hacen falta más argumentos?

Ley del embudo

Pero el presunto rescate así como el chantaje de la Unión Europea a Grecia no solo es cuestión política pura y dura. Como ha denunciado el diputado de Izquierda Unida Alberto Garzón, “el acuerdo prevé que Grecia reciba 80.000 millones de euros, pero 50.000 millones proceden del fondo de privatización; es decir, del desmantelamiento del patrimonio de los griegos, obligados por el acuerdo con la Unión Europea a vender las empresas públicas que les quedan”. A precio de saldo, por cierto, y a mayor beneficio y ganancias de fondos de inversión, buitres o no, entre otras entidades y miembros conspicuos de la clase dominante.

Pero, es aún más sangrante, ha explicado Garzón, que solo 12.500 millones de euros de ese pretendido rescate serán para intentar recuperar la economía. Solo el 15% del rescate total se destinará a intentar crear empleo. Y eso ocurre en una Grecia castigada en los últimos años con la destrucción de la cuarta parte de su PIB, de su riqueza, por la imposición de políticas de austeridad que, en román paladino, es cargarse la función social de los estados.

Al final es lucha de clases

Como ha escrito Alberto Arregui, “lo que pasa en Grecia y en la Unión Europea no es un problema de griegos contra alemanes, ni de países europeos del sur contra países del norte. Y la prueba es que los capitalistas griegos se han apresurado a comprar empresas griegas públicas privatizables, asociados a empresas extranjeras”. Con mucho patriotismo, claro. En realidad, la brutalidad del Eurogrupo con el gobierno de Syriza es puro conflicto social. Marx lo denominaba lucha de clases.

Lo que define al derechismo político es precisamente la defensa del sistema capitalista


Para entender la sinrazón del acoso a Grecia y la generosidad con Ucrania hay un dato fundamental que no se puede dejar de lado: que el gobierno de Ucrania es uno de los más reaccionarios de Europa. Junto a políticos del derechista partido Batkivshchyna los hay de extrema derecha, incluso abiertamente neonazis, en ministerios clave. Más Svoboda, un partido fascista que forma parte del Frente Nacional Europeo donde están el neonazi Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD), el fascista Amanecer Dorado de Grecia y el ucraniano Pravy Sektor, partido también neonazi, con milicias paramilitares que provocaron la lucha callejera contra el anterior gobierno así como numerosos ataques y agresiones contra comunistas y judíos.

Y es que no hay que olvidar que lo que define al derechismo político es precisamente la defensa del sistema capitalista y, en su caso, la utilización de la deuda pública como modo de dominación y otro medio de acumulación de beneficios.

Por eso la comprensión y largueza del Eurogrupo con la deuda de Ucrania se fundamenta en lo que expresa un dicho popular: entre bomberos no se pisan la manguera. O también que perro no come carne de perro. Porque, en esencia, el temible Schaüble y el gobierno ucraniano, como el resto de políticos del Eurogrupo, son parte entusiasta de este capitalista sistema, en el que creen fervorosamente, además de pensar que no hay otro posible, dispuestos a lo que sea para que sea así per in secula seculorum.

Xavier Caño Tamayo

Original

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